Tuesday, March 13, 2012

Almas del purgatorio

Aqui les presento una entrevista que le hicieron a Maria Simma, ella como leeran tenia visitas del las animas del purgatorio que estaban en necesidad de ser liberadas, es un reportaje muy interesante pero mas aun es el libro, les recomiendo ampliamente compren el libro que es una muy buena ayuda para que nosotros intercedamos por ellas o que cuidemos nuestro comportamiento y esstemos ahi el menor tiempo posible. Dios les bendiga y el Espiritu Santo llene sus corazones.



VIVENCIAS DE MARIA SIMMA

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El reportaje de Sor Emanuel

(Los comentarios y las preguntas, son hechas por: Sor Emanuel)

Sor Emanuel: Henos aquí, María, ¿puedes contarnos ahora cómo fuiste

visitada, la primera vez, por un alma del Purgatorio?

María Simma: Sí, fue en el año 1940, de noche, a las 3 o 4 de la madrugada.

Oí a alguno que iba y venía en mi cuarto. Esto me despertó. Miré para ver

quien pudiese haber entrado en mi cuarto.

-¿Tuviste miedo?

- No, yo no soy nada miedosa. Cuando yo era pequeña, mi madre me decía

que era una niña del todo especial, porque nunca tenía miedo.

-¿ Y entonces, esa noche? ¡Cuéntanos!

- Oh, vi que era un extraño. Iba y venía lentamente. Le pregunté con tono

severo: "¿Cómo has entrado aquí?, ¿qué has perdido?". Pero él continuaba a

caminar en mi cuarto, de aquí para allá, como si nada fuese. Entonces le volví

a preguntar: "¿Qué haces?". Y puesto que continuaba a no querer

responderme, me levanté de un salto para aferrarlo, pero no toqué más que el

aire, y el hombre había desaparecido... Entonces regresé a la cama, y de

nuevo comencé a sentir que iba y venía. Me preguntaba por qué veía allí a ese

hombre, y por qué no podía aferrarlo. Me levanté de nuevo para asirlo y para

hacer que desistiese de caminar. Nuevamente me topé con la nada. Quedé

perpleja. Volví a acostarme. No volvió otra vez, pero aquella noche no conseguí

adormecerme. Al día siguiente, después de misa, fui a ver a mi director

espiritual y le conté lo sucedido. El me dijo "Si todo eso recomienza, no

preguntes: "¿Quien eres?, sino, ¿“Qué quieres de mí?".

La noche siguiente el hombre regresó. Era el mismo, y yo le pregunté: "¿Qué

quieres de mí?". Me respondió: "Haz celebrar tres misas por mí y yo seré

liberado". Entonces comprendí que era un alma del Purgatorio. Mi padre

espiritual me lo confirmó. Me aconsejó de no rechazar jamás a las almas del

Purgatorio, y de acoger con generosidad sus pedidos.

- Y después, ¿continuaron las visitas?

- Sí, durante algunos años venían tres o cuatro almas solamente, sobre todo en

el mes de noviembre. Luego no vinieron más.

- ¿Y qué te piden estas almas?

- Muchas veces piden de hacer celebrar misas y de asistir a esas misas; piden

de recitar Rosarios, y también de hacer el Vía Crucis.

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- A este punto se nos plantea una pregunta, que es fundamental: ¿Qué es

exactamente el Purgatorio?

- Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera

proponerles una imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y

aparece un ser extraordinariamente bello, de una belleza tal, nunca vista sobre

la tierra. Aquí quedan fascinados, trastornados por este SER de luz y de

belleza, tanto más que él demuestra estar locamente enamorado de ustedes (lo

que nunca se hubiesen imaginado); se dan cuenta que también él tiene un gran

deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego del amor que quema ya en

sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre sus brazos. Pero

ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se

lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que

chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad

sobre la ropa, etc., etc. Entonces se dicen a sí mismos: "¡No, no es posible que

yo me presente en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y

luego, rápidamente, regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus

corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a la

ducha es absolutamente insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque

dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente,

este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una

Llama de amor...

Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por

nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que

hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es

precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo

que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un

lugar de deseo, del deseo loco de Dios, de Dios que ya ha sido reconocido y

visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido.

Las almas del Purgatorio hablan con frecuencia con María sobre ese gran

deseo, de esa sed que tienen de Dios, y cómo ese deseo es para ellas

profundamente doloroso; es, sin duda, una verdadera agonía. En la práctica el

Purgatorio es una gran crisis, una crisis que nace de la falta de Dios.

Sobre esto he querido que María nos precisara un punto fundamental:

- María, ¿las almas del Purgatorio prueban alegría y esperanza en medio de

sus sufrimientos?

- Sí, ningún alma quisiera volver del Purgatorio a la tierra, porque ellas ya

tienen un conocimiento de Dios infinitamente superior al nuestro, y no podrían

nunca más decidirse a regresar a las tinieblas de este mundo. He aquí,

entonces, la gran diferencia entre los sufrimientos del Purgatorio y los de la

tierra: en el Purgatorio, aunque sea terrible el dolor del alma, la certeza que se

tiene de vivir con Dios es tan fuerte e indestructible que el gozo de esta certeza

supera aun el dolor; y por nada del mundo esas almas quisieran volver a vivir

sobre la tierra donde, al fin de cuentas, nunca se tiene seguridad de nada.

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- María, ¿ahora podrías decirnos si es Dios quien envía un alma al Purgatorio,

o si, en cambio, es el alma misma quien decide de ir allí?

- Es el alma misma quien quiere ir al Purgatorio para purificarse, antes de

entrar en el Paraíso. Pero aquí es preciso decir también que el alma, cuando

está en el Purgatorio, adhiere perfectamente a la voluntad de Dios; por

ejemplo, se complace del bien y desea nuestro bien; experimenta tanto amor

por Dios, y también por quienes aún estamos en la tierra. Estas almas están

perfectamente unidas al Espíritu de Dios o, si quieren, a la Luz de Dios.

- María, ¿en el momento de la muerte, se ve a Dios en plena luz, o en manera

confusa?

- En manera aún confusa; con todo, hay una claridad tal, que basta,

ciertamente, para tener nostalgia.

¡Es verdad! Es una luz resplandeciente, en relación a las tinieblas de la tierra;

pero todavía es nada con respecto a la Luz que el alma conocerá en el Cielo.

Del resto, a tal propósito, podemos hacer una confrontación con las

experiencias de las que se habla en el libro "La vida más allá de la vida":

muchísimas de esas personas que, de un estado de pre-muerte (por coma,

paro cardíaco, etc.), han entrevisto algo del más allá, quedaron tan fascinadas

de esa luz, que para ellas ha sido una verdadera agonía retornar a la común

existencia sobre la tierra, después de aquella experiencia.

- María, ¿puedes decirme cuál es el papel de La Virgen con respecto a las

almas del Purgatorio?

- Sí, viene frecuentemente para consolarlas y decirles que han hecho bien

tantas cosas, y les da coraje.

- ¿Hay días especiales en los cuales ella las libera?

- Si, sobre todo el día de Navidad, el día de Todos los Santos, El Viernes

Santo; las libera también el día de su Asunción y en el de la Ascensión de

Jesús.

- Pero, María, ¿por qué se va al Purgatorio? ¿Cuáles son los pecados que

conducen con frecuencia a las almas al Purgatorio?

- Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, la dureza

del corazón, la hostilidad, la calumnia; sí, todas estas cosas. Sé que la

maldición y la calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan

una larga purificación.

María, al respecto, nos ofrece un ejemplo que la ha impactado mucho, y es un

testimonio que quiero contarles. Se trata de un hombre y de una mujer; de ellos

se le pidió se informase si estaban en el Purgatorio. Con gran asombro de

quienes se lo habían pedido, la mujer ya estaba en el Paraíso y el hombre en el

Purgatorio. Pero en realidad esa mujer había muerto después de un aborto,

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mientras que el hombre iba con frecuencia a la iglesia y llevaba una vida,

aparentemente, bastante digna y piadosa. Entonces María se informa

nuevamente, pensando que podría haberse equivocado. Pero no, era tal cual:

en realidad los dos murieron contemporáneamente, pero la mujer se había

arrepentido sinceramente de lo que había hecho, y había sido muy humilde; en

cambio el hombre, aunque religioso, juzgaba todo y a todos, siempre se

lamentaba, hablaba mal de la gente, y criticaba. Por eso su purgatorio era muy

largo. Y María concluyó: "Nunca se debe juzgar según las apariencias".

Otros pecados contra la caridad son, por cierto, todos nuestros repudios hacia

algunas personas que no amamos, nuestro rechazo en hacer las paces, en

perdonar, y todos los rencores que encerramos en el corazón. Al respecto

María nos reveló un testimonio que nos hace reflexionar. Es la historia de una

persona que ella conocía muy bien. Esta persona había muerto. Era una mujer

y se encontraba en el Purgatorio, padeciendo sufrimientos atroces. Y cuando

esa alma visitó a María, ella le preguntó el porqué; y el porqué era que ella

tenía una amiga, sí, una amiga con la cual surgió una enemistad muy grande; y

esa enemistad había sido causada por ella misma y, a pesar de todo, había

conservado su rencor por años y años; y cuando su amiga, en varias

circunstancias, había venido a pedirle de hacer las paces, de reconciliarse, ella

la rechazaba; y cuando cayó gravemente enferma, había continuado a tener

cerrado su corazón, a rechazar la paz que se le proponía; y hasta en el lecho

de muerte, aquella amiga había venido a suplicarle de hacer las paces; pero

aún en su lecho de muerte ella había rechazado reconciliarse. Por ese motivo

se encontraba aún en un purgatorio muy doloroso, y por eso había venido a

pedir ayuda a María.

Este testimonio sobre la gravedad de conservar el rencor es muy significativo.

Por lo que se refiere a las palabras, nunca se dirá bastante acerca de cómo

una palabra de crítica, una palabra malévola pueda realmente matar, y también

cómo una buena palabra pueda curar.

- Entonces, María, ¿puedes decirnos quienes son los que tienen mayores

posibilidades de ir directamente al Paraíso?

- Son aquellos que tienen un corazón bueno, un corazón bueno hacia todos. La

caridad cubre una multitud de pecados.

Sí, es San Pablo quien nos lo dice.

- Y ¿cuáles son los medios que podemos emplear sobre la tierra para evitar el

Purgatorio e ir derecho al Paraíso?

- Debemos hacer mucho por las almas del Purgatorio, porque son ellas

quienes, a su vez, nos ayudan. Hay que tener mucha humildad: ésta es el arma

más grande contra el Maligno. La humildad elimina el mal.

A este punto no resisto al deseo de referir un bellísimo testimonio del Padre

Berlioux (que ha escrito un hermoso libro sobre las almas del Purgatorio), con

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relación a la ayuda ofrecida por estas almas a aquellos que las ayudan con

oraciones y sufragios:

"Se cuenta que una persona muy amiga de las almas del Purgatorio había

consagrado toda su vida a sufragar por ellas. Habiendo llegado la hora de su

muerte, fue asaltada con furor por el demonio que la veía a punto de

escapársele. Parecía que el abismo entero, confederado contra ella, la rodease

con sus cohortes infernales. La moribunda luchaba desde hacía tiempo entre

los esfuerzos más penosos, cuando todo de un golpe vio entrar en su casa una

multitud de personajes desconocidos, pero resplandecientes de belleza, que

pusieron en fuga al demonio y, acercándose a su lecho, le dirigieron palabras

de aliento y de consolación totalmente celestiales. Emitiendo entonces un

profundo suspiro, y llena de alegría, gritó: ¿quiénes son ustedes? ¿Quiénes

son los que me hacen tanto bien?. Aquellos buenos visitantes respondieron:

"Nosotros somos habitantes del Cielo, que tu ayuda ha encaminado a la

felicidad, y, como reconocimiento, venimos a ayudarte para que cruces el

umbral de la eternidad y te libres de este lugar de angustia y te introduzcas en

las alegrías de la Ciudad Santa".

Con estas palabras una sonrisa iluminó el rostro de la moribunda. Sus ojos se

cerraron y ella se durmió en la paz del Señor. Su alma, pura como una paloma,

presentándose al Señor de los Señores, encontró tantos protectores y

abogados entre las almas que ella había liberado; y reconocida digna de la

gloria, entró allí triunfalmente, en medio de los aplausos y las bendiciones de

quienes había liberado del Purgatorio".

¡Ojalá que también nosotros, un día, podamos tener la misma suerte!.

Entonces hay que decir que las almas, sí, las almas liberadas por nuestra

plegaria, son sumamente agradecidas. Les aconsejo, pues, que hagan la

experiencia; las almas nos ayudan, conocen nuestras necesidades y nos

obtienen muchas gracias.

- Entonces María, ahora pienso en el buen ladrón, en aquel que estaba

crucificado junto a Jesús, y me gustaría saber que hizo para que Jesús le

prometiese que, ese mismo día, estaría con él en el Paraíso.

- El aceptó humildemente su sufrimiento diciendo que era algo justo. Alentó al

otro ladrón a aceptar también él su condición. El tenía el temor de Dios, es

decir, era humilde.

Otro hermoso ejemplo, que nos contara María Simma, demuestra cómo un

gesto de bondad puede rescatar, en poquísimo tiempo, una vida de pecado.

Escuchémoslo narrado con sus mismas palabras:

"Conocía a un joven de unos veinte años. Vivía en un pueblo vecino al mío.

Este pueblo había sido duramente golpeado y destruido por una serie de

aludes que mataron un gran número de habitantes. Era en el ano 1954. Una

noche ese joven se hallaba en la casa de sus padres. Imprevistamente un

terrible alud se abate precipitando cerca de su casa. El oye gritos

desgarradores, gritos lastimeros que invocan: "¡Ayúdennos! ¡Sálvennos!

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¡Vengan a socorrernos!... ¡Somos arrollados por los aludes!... ". De inmediato el

joven se levantó y se precipitó para socorrer a esas personas. Pero su madre,

que había oído los gritos, le impidió pasar, cerró la puerta y dijo: "¡No, otros

deben socorrerlos, nosotros no!. Afuera es demasiado peligroso. No quiero que

haya un muerto más": Pero él, puesto que había sido impactado por esos gritos

y quería verdaderamente socorrer a esa gente, empuja a su madre y dice: "¡Sí,

yo voy! ¡No quiero dejarlos morir así!': y salió. Pero también él, a lo largo del

trayecto, fue embestido por un alud y murió...

Dos días después de su muerte, él vino a visitarme de noche y me dijo: "Haz

celebrar tres misas por mí, así seré liberado del Purgatorio". Yo fui a dar cuenta

de ello a su familia y a sus amigos. Ellos quedaron muy sorprendidos al oír que,

solamente con tres misas, se libraría del Purgatorio. Alguno de sus amigos

agregó "Yo no hubiera querido estar en su lugar en la hora de la muerte. ¡Si

hubiesen visto todas las fechorías que cometió!... ". Pero ese joven, con

posterioridad, me declaró: "Yo he cumplido un acto de amor puro poniendo a

riesgo mi vida y donándola por aquellas personas; y es gracias a esto que el

Señor me ha acogido tan rápidamente en Su Cielo. Es verdad, la caridad cubre

una multitud de pecados".

En este episodio se ve cómo un solo acto de amor desinteresado ha sido

suficiente para purificar a ese joven de una vida de fechorías; y el Señor ha

aprovechado de ese instante de amor para llamarlo a sí. María, en efecto, ha

dicho que este joven quizás nunca hubiese tenido en su vida la ocasión de

realizar un acto de amor tan fuerte, y quizás se hubiese convertido en un

hombre malvado. El Señor, en Su Misericordia, lo ha llamado a sí justo en el

mejor momento, en el momento más puro a causa de ese acto de amor.

Ahora he aquí otro episodio que demuestra cómo el Señor acepta y valoriza

también un simple acto de bondad:

- El alma de una mujer se presentó, un día, con un balde en mano. "¿Qué

haces con ese balde?", le pregunté. Es la llave de mi Paraíso, respondió

radiante. No he orado mucho durante mi vida; raramente iba a la iglesia pero

una vez, antes de Navidad, he limpiado gratuitamente toda la casa de una

pobre anciana. Ha sido mi salvación". Esta es la prueba que todo depende de

la caridad.

Es también importante, cuando se está a punto de la muerte, abandonarse a la

voluntad del Señor. María me narró el caso muy hermoso de una madre de

cuatro hijos que estaba por morir. En vez de rebelarse y de inquietarse ella dijo

al Señor: "Acepto la muerte, en el momento que tú lo quieras, y pongo mi vida

en tus manos. Te confío mis hijos y sé que tú encargarás de ellos". María me

dijo que, a causa de esta inmensa confianza en Dios, esa mujer fue

directamente al Paraíso sin pasar por el Purgatorio. Verdaderamente se puede

decir que el amor; la humildad y el abandono a Dios son tres llaves de oro que

nos hacen entrar directamente en el Paraíso.

- María, ¿podrías decirnos cuáles son los medios más eficaces para facilitar la

liberación de las almas del Purgatorio?

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- EI medio más eficaz es la Misa.

- ¿Por qué la Misa?

- Porque es Cristo quien se ofrece por amor nuestro. Es la ofrenda del mismo

Cristo a Dios, la más bella de las ofrendas. EI sacerdote es el representante de

Dios y es el mismo Dios que se ofrece y se sacrifica por nosotros. La eficacia

de la Misa por los difuntos es tanto mayor cuanto más grande ha sido la estima

que ellos tuvieron por la Misa cuando eran todavía en vida. Si en esas Misas

han orado con todo el corazón y si han asistido también durante la semana,

según el tiempo disponible, ellos sacarán grande provecho de las misas

celebradas por ellos. También en esto se recogerá lo que se ha sembrado.

Además de ir nosotros, no nos olvidaremos de invitar a nuestros hijos a que

asistan a estas Misas, y, si posible, invitemos a los muchachos de las escuelas.

Ningún padre, ninguna madre, ningún catequista puede poner en el corazón del

niño lo que Nuestro Señor personalmente le da, en gracias, durante la Misa y la

Comunión.

Agregaré que un alma del Purgatorio ve muy bien el día de sus funerales: si se

reza verdaderamente por él o si, simplemente, se hace acto de presencia para

mostrar que está allí. Ellas dicen que las Lágrimas no sirven para nada para

ayudarlas. En cambio sirve mucho la oración. Con frecuencia esas almas

lamentan el hecho de que las personas asisten a su sepultura, pero no elevan

una sola plegaria a Dios; derraman muchas lágrimas, pero eso es inútil.

Con relación a la Misa, quisiera citarles un hermoso ejemplo narrado por el

santo Cura de Ars a sus parroquianos: "Hijos míos, un buen sacerdote había

tenido la desgracia de perder un amigo muy querido. Por eso rezó mucho por la

paz de su alma. Un día Dios le hizo saber que su amigo estaba en el Purgatorio

y sufría terriblemente. Este santo sacerdote pensó que no podía hacer algo

mejor que ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por su querido difunto. En el

momento de la Consagración, tomó la Hostia entre sus manos y dijo: "Padre

Santo y Eterno, en tus manos divinas está el alma de mi amigo en el Purgatorio

y en mis pobres manos de ministro tuyo está el Cuerpo de Tu Hijo Jesús. Pues

bien, Padre Bueno y Misericordioso, libra a mi amigo y yo te ofrezco a Tu Hijo

junto con todos los méritos de Su Gloriosa Pasión y Muerte". Este pedido fue

escuchado. De hecho, en el momento de la elevación, él vio que el alma de su

amigo subía al Cielo resplandeciente de gloria. Dios había aceptado la

ofrenda”.

"Por eso hijos míos, concluyó el santo Cura de Ars, cuando queramos liberar a

nuestros seres queridos que están en el Purgatorio, hagamos lo mismo.

Ofrezcamos al Padre, por medio del Santo Sacrificio, a Su Hijo Dilecto, junto

con todos los méritos de Su Pasión y Muerte, así no podrá rechazarnos nada".

Otros medios muy eficaces para ayudar a las almas del Purgatorio son el

ofrecimiento de nuestros sufrimientos, nuestras mortificaciones y el sufrimiento

voluntario, como por ejemplo el ayuno, las privaciones, etc. Y, naturalmente,

también los sufrimientos involuntarios como las enfermedades, los lutos, los

abandonos...

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- María, tú fuiste invitada, muchas veces, a sufrir por las almas del Purgatorio

para liberarlas. ¡Puedes decirnos qué has vivido y probado en esos momentos!

- La primera vez un alma (era una mujer) me preguntó si quería sufrir tres

horas, en mi cuerpo, por ella; y agregó que luego yo podría retomar mi trabajo.

Yo me dije: "Si es sólo por tres horas, quiero aceptar". Esas tres horas me

parecieron que durasen como tres días, tan terribles eran los sufrimientos.

Pero, al fìnal, miré el reloj y vi que habían pasado sólo tres horas. EI alma

luego me dijo que, habiendo aceptado sufrir con amor esas tres horas, le había

ahorrado veinte años de Purgatorio.

- María, ¿por qué, una vez llegados al Purgatorio, no se pueden adquirir

méritos y, en cambio, mientras se está en la tierra siempre se los pueden

adquirir?

- Porque en el momento de la muerte los méritos se terminan. Mientras uno

vive en la tierra puede reparar el mal que ha cometido antes. Las almas del

Purgatorio tienen una santa envidia por esta posibilidad nuestra. Hasta los

Ángeles son celosos de nosotros, porque tenemos la posibilidad de "crecer"

mientras estamos sobre la tierra. Pero muchas veces la aparición del

sufrimiento en nuestra vida nos hace rebelar y tenemos dificultad en aceptarlo y

vivirlo bien.

- Entonces, ¿cómo vivir el sufrimiento para que pueda dar frutos?

- Los sufrimientos son la prueba más grande del amor de Dios, y si se ofrecen

bien, pueden ganar muchas almas.

- Pero ¿qué hacer para recibir los sufrimientos como un don, y no (como se

hace con frecuencia) como una punición o un castigo?

- Hay que ofrecerlo todo a la Virgen Santa, pues ella sabe mejor que nadie

quién necesita esta o aquella ofrenda para ser salvado.

Quisiera referir aquí un testimonio que María me ha contado a propósito del

sufrimiento. El hecho ocurrió en el año 1954. Una serie de avalanchas muy

desastrosas se abatieron sobre un pueblito cercano al de Mana, causando

gravísimos daños. Otros aludes se habían precipitado en dirección al pueblito

de María. Pero aquí sucedió que los aludes se detuvieron ante el pueblito en

modo ciertamente milagroso, sin causar algún daño. Las almas dijeron a María

que en ese pueblito había vivido y muerto una mujer que, durante treinta años,

estuvo enferma y había sido cuidada muy mal; había sufrido terriblemente

durante todos esos años, ofreciendo todos sus dolores por el bien de su

pueblito. Las almas revelaron a María que, gracias al ofrecimiento de aquella

mujer, el pueblito se había salvado. Ella había ofrecido sus sufrimientos

durante 30 años y los había soportado con paciencia. María nos dice que, si

aquella mujer hubiese gozado de buena salud, no hubiese podido proteger a su

pueblito; agrega que con el sufrimiento, pacientemente soportado, se pueden

salvar más almas que con las oraciones. No tenemos que ver siempre el

sufrimiento como una punición. Puede ser aceptado como expiación, no sólo

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para nosotros mismos, sino sobre todo para los demás. Jesucristo era

inocente, y fue El quien sufrió más que todos para expiar por nuestros pecados.

Sólo en el Cielo sabremos totalmente lo que hemos obtenido por medio del

sufrimiento soportado pacientemente, en unión con los sufrimientos de Cristo.

- María, ¿se da una cierta rebeldía por parte de las almas del Purgatorio a

causa de sus sufrimientos?

- No, ellas quieren purificarse y comprenden que los sufrimientos son

necesarios.

- ¿Cuál es el valor de la contrición y del arrepentimiento en el momento de la

muerte?

- La contrición es importantísima. Los pecados como sea, son perdonados,

pero queda la consecuencia del pecado. Si se quiere obtener la indulgencia

plenaria en el momento de la muerte, esto es, ir derecho al Cielo, el alma tiene

que estar libre de toda atadura.

Ahora quisiera referir un testimonio muy significativo que nos ha contado María.

Le habían pedido que se informara sobre una mujer cuyos parientes la creían

perdida, pues había vivido una vida muy mala y estaba totalmente inmersa en

el pecado. Fue víctima de un accidente: se había caído del tren que, en su

marcha, la había arrollado y matado. Un alma dijo a María que esa mujer se

había salvado del Infierno porque, en el momento de la muerte, había dicho a

Dios: "Tú haces bien en retomar mi vida, porque así ya no podré ofenderte", y

eso ha cancelado todos sus pecados. Y esto es muy significativo, porque un

solo acto de humildad, de arrepentimiento en la hora de la muerte, nos salva.

Eso no significa que esa mujer no haya pasado por el Purgatorio; pero se salvó

del infierno merecido a causa de su conducta.

- María, quisiera preguntarte en el momento de la muerte ¿se da un tiempo en

el que el alma tiene la posibilidad de dirigirse a Dios antes de entrar en la

eternidad, un tiempo, si se quiere, entre lo muerte aparente y la muerte real?

- Sí, el Señor da a cada alma algún instante para que se arrepienta de sus

pecados y se decida si acepta o no acepta llegar a Dios. En ese breve tiempo

se ve como en una película la propia vida. Yo conocía a un hombre que creía

en los preceptos de la Iglesia, pero no en la vida eterna; un día se enfermó

gravemente y entró en coma. Entonces él se vio en una sala con una pizarra en

la que estaban escritas todas sus acciones: tanto las buenas como las malas;

luego la pizarra desapareció, también las paredes de aquella sala, y todo era

infinitamente bello. Luego se despertó del coma y decidió cambiar de vida.

Este episodio es semejante a tantos otros refrendos en el libro "La vida más

allá de la vida": la experiencia momentánea de la luz sobrenatural es tal que

esas personas no pueden vivir más como vivían antes.

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- Entonces, María, ¿en la hora de la muerte, Dios se revela con la misma

intensidad a todas las almas?

- A cada alma se le da el conocimiento de su propia vida, y también del

sufrimiento futuro, pero esto no es igual para todos. La intensidad de la

revelación del Señor depende de la vida de cada alma.

- María, ¿el diablo tiene el poder de atacarnos en el instante de nuestra

muerte?

- Si, pero el hombre tiene también la gracia de resistirlo y de rechazarlo,

porque, si el hombre no quiere, el demonio no puede hacer nada.

- María, ¿qué consejos darás a quien quisiera hacerse santo ya en esta tierra?

- Ser humildísimo. No debe ocuparse de sí mismo. Debe huir del orgullo, que

es la trampa más peligrosa que tiende el Maligno.

- María, ¿podrías decirnos si se puede pedir al Señor de hacer su propio

Purgatorio en la tierra para no hacerlo después de la muerte?

- Oh, sí. He conocido un sacerdote y una muchacha, los dos estaban enfermos

en el hospital. La muchacha decía al sacerdote que ella pedía al Señor de

poder sufrir en la tierra tanto cuanto fuera necesario pare ir directamente al

Cielo, y el sacerdote respondió que él no se atrevía a pedir eso. Junto a ellos

había una religiosa que escuchaba toda la conversación. Luego la muchacha

murió antes, y poco después murió también el sacerdote; él se apareció a la

religiosa diciéndole: "Si hubiese tenido igual confianza que esa muchacha,

también yo hubiese ido directamente al Paraíso '´.

- Gracias por este hermoso testimonio, María.

Ahora María me pide 5 minutos de descanso pues tiene que dar de comer a las

gallinas.

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La vuelvo a ver en seguida y continuamos con

nuestras preguntas:

- Sí, por cierto que es difícil describirlos. Pero, dime,

¿Jesús no va al Purgatorio?.

- Ningún alma me lo ha dicho. Es la Madre de Dios

quien va. Una vez pregunté a un alma del Purgatorio

si debía ir ella misma a buscar a las almas de las que

pedían noticias. Me respondió que no: es la Madre de

Misericordia quien da noticias. Ni siquiera los santos

van al Purgatorio; en cambio los Ángeles están allí:

San Miguel... y cada alma tiene cerca a su Ángel

Custodio.

- ¡Qué estupendo, los Ángeles están con nosotros!

Pero, ¿qué hacen los Ángeles en el Purgatorio?

- Alivian y consuelan. Las almas pueden verlos.

- ¡Oh, qué bello! .María, si continuas a hablarnos de los Ángeles casi me haces

venir el deseo de ir al Purgatorio. Otra pregunta: tú sabes que, hoy, mucha

gente cree en la reencarnación, ¿Qué dicen las almas sobre este tema?

- Las almas dicen que Dios nos da una sola vida.

- Pero algunos sostienen que una sola vida no es suficiente para conocer a

Dios y para tener el tiempo de convertirse verdaderamente, y piensan que eso

no sea justo. ¿Que le respondes a tales personas?

- Todas las almas tienen una fe interior; aun si no son practicantes, ellas

reconocen a Dios. No existe nadie que no crea totalmente. Cada hombre tiene

una conciencia para reconocer el bien y el mal, una conciencia dada por Dios y

un conocimiento interior, ciertamente de grados diversos, como sea, sabe

distinguir el bien del mal. Con tal conciencia cada ser humano puede llegar a la

bienaventuranza.

- ¿Qué pasa con las personas que se suicidan? ¿Alguna vez te visitó una de

esas almas?

- Las almas que vienen a mí son sólo almas del Purgatorio. Por lo tanto, hasta

hoy, nunca encontré el caso de un suicida que se haya perdido; eso no

significa que no las haya. Pero algunas almas me dicen que con frecuencia son

más culpables aquellos que han estado alrededor de ellas, porque han sido

negligentes o han difundido calumnias.

A este punto pregunté a María si las almas se arrepienten de haberse

suicidado, y María me respondió que si, pero me dijo que, con frecuencia, el

suicida es una persona enferma. Con todo, las almas se arrepienten porque,

apenas ven las cosas a la luz de Dios, comprenden, en un solo instante, todas

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las gracias que les estarían reservadas a ellas durante el tiempo que aún les

quedaba por vivir, y ven todo el tiempo restante (meses o años), y todas las

almas que hubiesen podido ayudar ofreciendo el resto de su vida a Dios; y lo

que a ellas les causa mayor dolor por su pasado es ver el bien que hubiesen

podido hacer y que, en cambio, no hicieron porque abreviaron su vida. Pero, si

la causa del suicidio fue una enfermedad, el Señor, sin duda, no lo tiene en

cuenta.

- María, quisiera preguntarte si almas de personas de otras religiones, por

ejemplo judíos, han venido a visitarte

- Sí, y están en la felicidad. Quien vive bien su fe está en la paz; pero es a

través de la fe católica que se gana mucho más para el Cielo.

- ¿Existen religiones que son malas para las almas?

- No, pero ¡hay tantas religiones en la tierra! Los más cercanos a la fe Católica

son los ortodoxos y los protestantes. Hay muchos protestantes que recitan el

Rosario; pero las sectas son muy, muy malas. ¡Hay que hacer de todo para

salir de ellas!.

- María, ¿hay sacerdotes en el Purgatorio? (Aquí veo que María alza los ojos

al Cielo como para decir: "¡Ay de mí!...").

- Sí, hay muchos. Esos no han colaborado para tener respeto por la Eucaristía,

y entonces toda la fe sufre. Con frecuencia están en el Purgatorio por haber

descuidado la oración, y su fe ha disminuido; pero es también cierto que

muchos de ellos han ido directamente al Paraíso. Un encuentro inolvidable

para mí fue aquel con un sacerdote cuya mano derecha era negra. Le pregunté

la causa: "Hubiera tenido que bendecir más", me dijo. "Di a todos los

sacerdotes que encuentres que deben bendecir mucho más: ellos pueden dar

numerosas bendiciones y conjurarían las fuerzas del mal ".

- Bien, ¿y qué le dirías a un sacerdote que quisiera vivir verdaderamente según

el corazón de Dios?

- Le aconsejaría de rezar mucho al Espíritu Santo y de recitar cada día el

Rosario.

- María, ¿hay niños en el Purgatorio?

- Sí, pero para ellos el Purgatorio no es muy largo ni muy penoso, porque a

ellos les falta el pleno discernimiento.

- Pienso que algunos de ellos han venido a encontrarte. Tu nos contabas la

historia de aquella niñita… el alma más pequeña que has visto; era una niñita

de 4 años. Pero ¿por qué estaba en el Purgatorio?

- ¿Por qué?. Esta niñita había recibido de sus padres, como regalo de Navidad,

una muñeca. Tenía una hermana melliza, que también había recibido una

14

muñeca. Y he aquí que esa niñita de 4 años había roto su muñeca y entonces,

a escondidas, sabiendo que nadie la veía, fue a poner esa muñeca rota en el

lugar de la de su hermana, y a hacer así el cambio, sabiendo muy bien, en su

corazoncito, que habría ocasionado muchísimo dolor a su hermana; se daba

cuenta que eso era un engaño y una injusticia. Por esta causa pasó por el

Purgatorio.

Sí, los niños con frecuencia tienen una conciencia más viva que la de los

adultos, y es preciso sobre todo luchar contra la mentira; ellos son muy

sensibles.

- María, ¿cómo pueden los padres ayudar en la formación de la conciencia de

sus hijos?

- Sobre todo con el buen ejemplo: es lo más importante; y luego con la oración.

Los padres deben bendecir a sus hijos e instruirlos bien en las cosas de Dios.

- Lo dicho es muy importante. ¿Te han visitado almas que, sobre la tierra,

practicaban perversiones? Pienso, por ejemplo, en el campo de la sexualidad.

- Las almas que he conocido (todas del Purgatorio), no se han perdido, pero

deben sufrir mucho para purifìcarse. En todas las perversiones está presente la

obra del Maligno. En modo particular en la homosexualidad.

- ¿qué consejo darías a todas esas personas que son tentadas por la

homosexualidad, que tienen en ellos esas tendencias?

- Les diría de rezar, rezar mucho, para tener la fuerza de alejarse. Sobre todo

hay que orar al Arcángel san Miguel, pues es él, por excelencia, quien combate

contra el Maligno.

-¡Oh, sí el Arcángel san Miguel! ¿Y cuáles son las tendencias del corazón que

pueden conducir a la pérdida de nuestra alma, a la pérdida definitiva de nuestra

alma, es decir al infierno?

- Es cuando no se quiere ir hacia Dios, es decir cuando se dice decididamente:

"¡Yo no quiero!"

Te agradezco por esta aclaración. Y aquí te quisiera contar que, sobre este

argumento, he interrogado a Vicka, una de las videntes de Medjugorje, que me

decía también ella que al infierno (¡y ella al infierno lo ha visto!), van

únicamente aquellos que deciden de ir allí, y no es Dios quien los manda. Al

contrario, El suplica al alma de acoger Su Misericordia. El pecado contra el

Espíritu Santo del que habla Jesús, y que por tanto no es perdonado, es el

rechazo radical de su misericordia, y eso en plena luz y en plena conciencia.

Yo señalo que Juan Pablo IIlo explica muy bien en su encíclica sobre la

Misericordia; pero también en esto podemos hacer mucho, por medio de la

oración, por las almas que están en peligro de perderse.

- María, ¿tendrías algún testimonio al respecto?

15

- Un día me encontraba en el tren. En mi compartimiento había un hombre que

no terminaba de criticar a la Iglesia, a los sacerdotes y hasta de ofender a Dios.

No cesaba de maldecir, y yo le dije: "Usted no tiene el derecho de decir todo

eso, ¡no está bien!". Llegada a mi estación, mientras bajaba los dos peldaños

de la escalerita, dije sencillamente a Dios: "¡Señor, que esta alma no se

pierda!...". Algunos años después el alma de este hombre vino a visitarme y me

contó de haber estado a la orilla del Infierno y de haberse salvado sólo por la

oración que yo había hecho en aquel momento.

Sí, es extraordinario ver como tan solo un pensamiento, un impulso del

corazón, una sencilla oración por alguien, pueda impedirle de caer en el

infierno, porque es el orgullo que hace ir al infierno. Y el infierno es eso: es el

obstinarse a decir NO a Dios; pero nuestras oraciones pueden suscitar, en

quien muere, un acto de humildad; y sólo un impulso de humildad, por mínimo

que sea, tiene tanta fuerza como para hacemos evitar el infierno.

- Un alma me contó: "No habiendo observado las leyes de tránsito, me maté a

causa del golpe, mientras iba en motocicleta en Viena”. Le pregunté: "¿Estabas

preparada para entrar en la eternidad?". "No lo estaba, agregó, pero Dios da

dos o tres minutos para que se puedan convertir a cuantos pecan contra de él

con insolencia y presunción. Y sólo quien lo rechaza es condenado". El alma

continuó con su comentario interesante e instructivo: "Cuando uno muere en un

accidente, las personas dicen que era su hora. Es falso: eso se puede decir

sólo cuando una persona muere no por su culpa. Pero según los designios de

Dios, yo hubiera podido vivir aún treinta años; entonces hubiese transcurrido

todo el tiempo de mi vida". Por eso el hombre no tiene el derecho de exponer

su vida a un peligro de muerte, salvo en caso de necesidad. Un médico vino un

día a lamentarse que debía sufrir por haber acortado la vida de sus pacientes

con inyecciones para que no sufrieran más. Dijo que el sufrimiento, soportado

con paciencia, tiene para el alma un valor infinito; se tiene el deber de aliviar los

grandes sufrimientos, pero no el derecho de acortar la vida con medios

químicos. En otra ocasión vino una mujer. Confesó: "He debido sufrir treinta

años de purgatorio porque a mi hija no la he dejado ir al convento".

- María, ¿no te parece increíble que alguno pueda llegar al punto de decir NO a

Dios en el momento de la muerte, cuando lo ve?

- Bien, por ejemplo un hombre me dijo que no quería ir al Cielo; ¿y saben por

qué?. Porque, según él, Dios permite los injustos y las injusticias... Yo le dije

que esto lo hacen los hombres y no Dios. Me respondió: Espero no encontrar a

Dios, después de la muerte, porque entonces le romperé la cabeza con un

hacha". El tenía un odio profundo contra Dios; pero Dios deja al hombre su

voluntad libre; podría impedir esta voluntad, pero no, quiere dejar a cada uno

su libre elección. Dios da a cada uno, durante la vida terrena y en la hora de la

muerte, muchas gracias para convertirse, aun después de una vida transcurrida

en las tinieblas; pero si se pide perdón sin cálculo, ciertamente podemos

salvarnos.

- Jesús dijo que es difícil, para un rico, entrar en el Reino de los cielos. Tú,

personalmente, ¿has visto a veces casos de este género?

16

- Sí, si hacen buenas obras, pero obras de caridad, si viven el Amor, entonces

pueden llegar a ser como los pobres.

- Y ahora, María, actualmente, ¿te visitan las almas del Purgatorio?

- Sí, dos o tres veces por semana.

- Quisiera saber qué piensas sobre las prácticas de espiritismo; por ejemplo

cuando se llaman a los espíritus de los difuntos, se hacen girar las mesas, etc.

- ¡No es bueno!. Con frecuencia es el diablo quien hace mover las mesas.

¡Oh, si, es importante decirlo!. Hay que hacer saber esto a la gente; pues hoy,

por desgracia, estas absurdas prácticas espiritistas aumentan cada vez más...

- Ahora, te ruego, acláranos, ¿existe una diferencia entre lo que tú vives con las

almas de los difuntos y las prácticas de espiritismo?

- No es lícito llamar a las almas. Yo no busco su venida; vienen por sí solas,

con el permiso de Dios. En el espiritismo, en cambio, se evocan a los espíritus,

se los llaman. Pero es el demonio quien viene, fingiendo ser el alma de ése o

de aquél. A veces se presenta bajo falsas apariencias, sin ser llamado.

- Tú, personalmente, ¿has sido alguna vez engañada por falsas apariciones?.

Por ejemplo, por el diablo que se hace pasar por un alma del Purgatorio para

hablarte?

- Sí, una vez un alma vino a verme y me dijo: "No recibas al alma que vendrá

después de mí, porque te pedirá demasiados sufrimientos. Eso no está a tu

alcance. Nunca podrás hacer lo que te ha de pedir “. Entonces quedé turbada.

Me acordé de lo que me había dicho mi párroco que había que acoger a cada

alma con generosidad, y yo estaba, por cierto, habituada a la obediencia. De

repente pensé dentro de mí: "¿Acaso no podría ser el demonio quien esté aquí

ante mi, y no un alma del Purgatorio?. ¿No será el demonio que se ha

camuflado?...". Dije entonces a aquel hombre: "Si eres el diablo, ¡vete de aquí”.

En seguida pegó un fuerte grito y huyó. Y efectivamente, el alma que vino

luego de él era un alma que tenía mucha necesidad de mi ayuda y era en

verdad importante que viniese a verme y que yo la escuchase.

- Cuando el diablo aparece, ¿el agua bendita lo hace huir siempre?

- Lo molesta mucho y con frecuencia huye.

- En la actualidad, María, eres muy conocida, sobre todo en Alemania, en

Austria y aun por toda Europa, gracias también a tus conferencias y a tu libro.

Pero en los comienzos vivías del todo escondida. ¿Cómo es que, de la noche a

la mañana, la gente ha reconocido que tu experiencia sobrenatural era

auténtica?

17

- ¡Oh! Fue cuando las almas comenzaron a pedirme que suplicara a sus

familias para que restituyeran un bien mal adquirido.

A este propósito, María me contó varios testimonios. Sería demasiado largo

referirlos. Pero, muchas veces, diversas almas han venido a verla para decirle:

"Ve a mi familia, en tal pueblo (y ese pueblo ella no lo conocía), para decir a mi

padre, a mi hijo, a mi hermano que restituyan tal propiedad, tal suma de dinero,

tal objeto que, en tal lugar y en lo de fulano, me he procurado de mal modo, y

así yo seré liberada del Purgatorio cuando ese bien sea restituido". Entonces

María refería todos los detalles de ese campo, de aquella suma de dinero, de

tal objeto, de aquel vestido así y así, y las personas quedaban sorprendidas

viendo que ella conocía todos esos particulares, porque algunas veces las

mismas familias no estaban al corriente de que aquel bien hubiese sido mal

adquirido por sus parientes. Fue por tales hechos que María comenzó a ser

muy conocida.

- María, ¿existe un reconocimiento oficial de la Iglesia con respecto al carisma

que ejerces hacia las almas del Purgatorio, y también hacia aquellos que son

alcanzados con tu apostolado?

- Mi Obispo me ha dicho que, hasta que no haya errores teológicos, yo debo

continuar: Mi párroco, que es al mismo tiempo mi guía espiritual, confirma

también él estas cosas.

- Te quiero hacer una pregunta, que puede parecer indiscreta. Tú has hecho

tanto por las almas del Purgatorio que, sin duda alguna, cuando te toque morir,

miles de almas te escoltarán hasta el cielo. Imagino que tú ciertamente no

habrás de pasar por el Purgatorio, ¿No es así?

- ¡Oh!. No creo que iré al Cielo sin Purgatorio, porque yo he tenido más luz,

más conocimiento, y por tanto mis culpas son más graves. Pero espero

igualmente que las almas, me ayudarán a subir al Cielo.

- Si, por cierto. Y tú, María, ¿estás contenta de tener este carisma, o bien es

para ti una cosa pesada y fatigosa todos esos continuos pedidos por parte de

las almas?

- No, no me lamento de las dificultades, porque sé que puedo ser de mucha

ayuda para ellas; puedo ayudar a tantas almas, y soy feliz de poder hacerlo.

- María, te agradezco, también en nombre de los lectores, por esos hermosos

testimonios. Pero consiénteme de hacerte una última pregunta, Para que

podamos conocerte mejor, ¿podrías contarnos, en pocas palabras, algo de tu

vida?

- Cuando era niña, quería entrar en un convento. Mi madre me decía de

esperara a que tuviese 20 años. No quería casarme. Mi madre me hablaba

mucho de las almas del Purgatorio y, ya, desde cuando frecuentaba la escuela,

esas almas me han ayudado mucho. Entonces yo me decía que debía hacerlo

todo por ellas. Terminada la escuela, pensé ir al convento. Entré en las

18

Hermanas del Corazón de Jesús, pero, luego me dijeron que era demasiado

débil de salud para poder permanecer con ellas. En verdad, cuando era

pequeña, había tenido una pulmonía y una pleuritis. La Superiora confirmó que

yo tenía vocación religiosa, pero me aconsejó que entrara en una orden más

fácil y esperara algún año más. Yo, en cambio quería ingresar en una orden

claustral y en seguida. Después de otros dos intentos, la conclusión fue la

misma: era demasiado débil de salud. Entonces me dije que para mí entrar en

el convento no era la voluntad del Señor. He sufrido mucho, moralmente, y me

decía: "El Señor no me ha mostrado lo que quiere de mí".

Esta espera duró para mí hasta la edad de 25 años, es decir hasta el momento

en que Dios me ha confiado esta tarea de orar por las almas del Purgatorio.

¡Me había hecho esperar 8 años!. En mi familia éramos 8 hijos. Yo trabajaba en

casa, en nuestra estancia, desde los 15 años. Luego fui a Alemania, como

doméstica en la familia de un campesino, y después he trabajado aquí, en la

estancia de Sonntag. A partir de los 25 años, cuando comenzaron las visitas de

las almas, he tenido que sufrir mucho por ellas. Ahora estoy mejor físicamente.

Habla su confesor y director espiritual

Habiendo leído, recientemente, un informe sobre María Simma enviado por el

Padre Alfonso Matt (director espiritual de la vidente) al Obispo de su Diócesis,

considero útil agregar, para los lectores, estas otras breves noticias.

María Simma (la segunda de ocho hijos), ha nacido el 5 de febrero de 1915 en

Sonntag (Vorarlberg), en Austria, de una familia pobrísima. El padre, José

Antonio (18 años mayor que su esposa, Luisa Rinderer), por varios años se

ganó la vida como cuidador y campesino de su hermano. Durante la primera

guerra mundial fue cartero, luego obrero vial y bracero, luego jubilado. Con su

mujer y sus ocho hijos fue a vivir en una vieja casa que había recibido en

herencia de un buen anciano, maestro carpintero. A causa de la gran pobreza

de la familia, los hijos, desde muy jóvenes, trabajaron y se ganaron el pan: los

varones como obreros y las muchachas como niñeras. María Simma desde su

juventud fue muy piadosa y frecuentó asiduamente los cursos de instrucción

religiosa organizados por su párroco. Luego debió alejarse de su pueblo para

trabajar en varios lugares.

Quería hacerse religiosa pero, como ya sabemos, el Señor ha tenido otros

proyectos sobre ella. En el informe del párroco se lee que ella "consagró su

virginidad a La Virgen e hizo esta consagración a María en favor sobre todo de

los difuntos"; se ofreció a Dios, haciéndolo con voto "como alma víctima,

víctima de amor y de expiación". El párroco refiere que en varias ocasiones, y

por diferentes modos, ella se ofreció como víctima para ayudar a los difuntos,

con sufrimientos voluntarios a veces terribles, gracias a los cuales abrevió las

penas de innumerables almas. Además de los sufrimientos ofreció a Dios

continuas oraciones, misas y penitencias.

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Desde la muerte de su padre, acaecida en 1947, vive sola en la casita paterna

y, para proveer a las necesidades de la vida, continúa, a pesar de la edad a

cultivar su huertita. Vive así en pobreza, ayudada por la gente caritativa. No

pide nada, todo lo hace gratuitamente; y si alguno le deja ofrendas, las envía

íntegramente a la Curia, para la celebración de misas, para obras caritativas y,

sobre todo, para las Misiones.

Formas de ayudar a las almas del Purgatorio

El párroco, en su informe, hace resaltar que la acción desarrollada por María

Simma no es sólo ayudar, ella misma, a los difuntos, como siempre lo hizo,

sino también hacerse celosa promotora de la ayuda de los vivos a las almas del

Purgatorio y a los moribundos. En todos sus encuentros con la gente, y

también en las páginas de su diario, siempre indicó, con insistencia, los medios

de ayuda, pedidos también por las mismas almas: misas, Rosarios,

ofrecimiento de los sufrimientos, Vía Crucis, obras caritativas; entre estas,

sobre todo, ayuda a las Misiones que, a decir de las almas, son de grandísima

eficacia para los difuntos.

Se indican luego medios menores de ayuda que s suscitan nuestra sorpresa y

curiosidad, y por eso quiero referirlos, en parte, textualmente:

"EI encender velas ayuda a las almas: ante todo porque esa atención de amor

les da una ayuda moral: luego porque las velas son benditas y disipan las

tinieblas en las que se hallan las almas. Un niño de 11 años, de Kaiser, pidió a

María Simma que orase por él. Estaba en el Purgatorio porque, el día de los

fieles difuntos, apagó en el cementerio las velas encendidas en las tumbas y

robó la cera para diversión. Las velas benditas son de mucho valor para las

almas. El día de la Candelaria, María Simma debió encender dos velas por un

alma, mientras soportaba por ellas sufrimientos expiatorios".

"Echar agua bendita mitiga los sufrimientos de los difuntos. Un día María

Simma pasando echó agua bendita por las almas. Una voz le dijo: "¡Mucho

más aún!".

"Todos los medios no ayudan a las almas de la misma manera. Si durante su

vida alguno tiene poca estima por la Misa, no le aprovechará mucho cuando

estará en el Purgatorio. Si alguno no tuvo corazón durante su vida, recibe poca

ayuda. Quienes pecaron difamando a los demás deben expiar duramente su

pecado. Pero quien en vida haya tenido un buen corazón, recibe mucha

ayuda".

"Un alma que había descuidado de asistir a Misa, pudo pedir ocho Misas para

su alivio, porque durante su vida mortal había hecho celebrar ocho Misas por

un alma del Purgatorio".

El párroco refiere que María Simma insiste mucho en que se rece para ayudar

a los moribundos.

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"Según lo que dicen las almas del Purgatorio", escribe el párroco, "muchas van

al Infierno porque se ora demasiado poco por ellos... María Simma un día vio

muchas almas suspendidas en vilo entre el Infierno y el Purgatorio".

He aquí algunas instrucciones:

''Las almas del Purgatorio se preocupan mucho de nosotros y del Reino de

Dios (es siempre el párroco que escribe). Tenemos la prueba por ciertas

advertencias que ellas dieron a María Simma”.

Las instrucciones que siguen (continúa el párroco) han sido tomadas de sus

anotaciones: "De nada sirve lamentarse de los tiempos que vivimos. Es

necesario decir a los padres que ellos son los principales responsables. Los

padres no pueden ofrecer un peor servicio a sus hijos que consentir a todos

sus deseos, dándoles todo lo que quieren, simplemente para que estén

contentos y no griten. El orgullo puede así echar raíz en el corazón de un niño.

Más tarde cuando el niño comienza a ir a la escuela, no sabe recitar un

Padrenuestro ni hacer la señal de la Cruz. de Dios, a veces, no sabe

absolutamente nada. Los padres se disculpan diciendo que esto es tarea del

catequista y de los maestros de religión”.

Donde la enseñanza religiosa no comienza desde la más tierna edad, la

religión no perdura después. "Eduquen a los niños a la renuncia. ¿Por qué hoy

se da esta indiferencia religiosa, esta decadencia moral? ¡Porque los niños no

han aprendido a renunciar!. Ellos con el tiempo se volverán descontentos y

hombres sin discreción que toman parte en todo, quieren tener todo a

profusión. Esto provoca tantas desviaciones sexuales, las prácticas

antinatalistas y el crimen del aborto. Todos estos hechos claman al Cielo

venganza. Quien desde niño no ha aprendido a renunciar se vuelve egoísta, sin

amor, tirano. Por este motive hoy existe tanto odio y falta de caridad.

¿Queremos ver tiempos mejores? Se comience por la educación de los niños”.

"Se peca en manera espantosa en contra del amor hacia el prójimo, sobre todo

con la murmuración, el engaño y la calumnia. ¿Por dónde comienzan? En el

pensamiento. Hay que aprender esas cosas desde la infancia y tratar de

ahuyentar inmediatamente los pensamientos contrarios a la caridad. Se

combatan rápidamente los pensamientos contra la caridad; y no se llegará a

juzgar a los demás sin caridad”.

'"Para todo católico el apostolado es un deber. Algunos lo ejercen con la

profesión, otros con el buen ejemplo. No pocos se lamentan que muchos se

corrompen por las conversaciones contra la moral y contra la religión. ¿Por qué

entonces se calla?. Los buenos deben también defender sus convicciones y

declararse cristianos... Todo cristiano debería ponerse a buscar el Reino de

Dios y esforzarse en hacerlo crecer; pues de lo contrario los hombres no

estarán en condiciones de reconocer el gobierno de la Providencia. La

preocupación del alma no tiene que ser sofocada por aquella exagerada del

cuerpo..."

21

Me gusta terminar aquí esta pincelada. Hojeando el informe del párroco (a

quien quisiera decirle gracias de corazón), pudimos también husmear entre las

páginas del diario de María: hay en ellas una sabiduría que no viene del

mundo, sino de las almas que la instruyen... Pues bien, les digo que para mí ha

sido un gran placer conocer a María Simma, una mujer cuya vida ha sido

donada totalmente. Cada segundo, cada hora de su vida tiene por cierto un

peso de eternidad, no solo para ella misma, sino para tantas, tantas almas,

conocidas o no, que ella, en varios modos, y con tanto amor, ayudó a liberarse

del Purgatorio y a alcanzar la felicidad eterna en el Cielo.

ORACIÓN QUE LIBERA 1.000 ALMAS DEL PURGATORIO

ORACIÓN

(Récese todos los días)

Padre Eterno, os ofrezco la Preciosísima Sangre de Vuestro Divino Hijo

Jesús, junto con las Misas que se digan en todo el mundo hoy:

- por todas las santas almas del purgatorio

- por los pecadores en todas partes,

- por los pecadores en la Iglesia Universal,

- los de mi propio hogar, y dentro de mi familia. Amén.

PROMESA EXTRAORDINARIA DE CRISTO

El Salvador aseguró a Santa Gertrudis la Magna, religiosa cisterciense del

Monasterio de Helfa en Eisleben (Alemania), a finales del siglo XIII, que esta

oración liberaría a mil almas del Purgatorio cada vez que se ofreciese,

extendiéndose también la Promesa a la conversión y salvación de las que

todavía peregrinan en la Tierra.

CONSIDERACIONES IMPORTANTES

Se recomienda encarecidamente su rezo diario, pues es incalculable el bien

que podemos hacer a las Almas si se recita varias veces, consiguiéndose

además la salvación de miles de almas, dentro y fuera de la Iglesia, y en la

propia familia.

Medítese en la inmensa Gloria que alcanzará quien lo hiciere así, en las

gracias que obtendrá, en los pecadores que salvará, en las ánimas que

liberará, en la ayuda y protección continua de éstas desde el Cielo, etc.

Piénselo bien cada cual, y comience ya desde hoy mismo su rezo, mientras

hay tiempo, pues todo pasa y pasa pronto. Y el tiempo no vuelve jamás. No

mueras con las manos vacías de buenas obras.

(Con licencia eclesiástica).

Autorizada su impresión y difusión

22

“Las Promesas de Ntra. Sra. del Escapulario del Carmen”

A quien use Mi Escapulario:

1.-
PROTEJO en ésta vida de los peligros.

2:-
AYUDO a la hora de la muerte y reciban los Sacramentos

Finales.

3.-
SALVO. Al siguiente SÁBADO de la muerte, saco almas del

Purgatorio.

Día de fiesta: 16 de Julio. Al que confiese y comulgue en ese día en La Santa

Misa, puede ganar

INDULGENCIA PLENARIA.

Decir: 1 Credo, 1 Padrenuestro, Pedir por las intenciones del Santo Papa y la

intención de ganar la Indulgencia. La podemos ofrecer para nosotros mismos, o

bien por un alma determinada o por las almas del Purgatorio, pero
NO para

otra persona viva.

LAS TRES IGLESIAS

AÚN ESTAMOS EN LA BARCA MILITANTE

NAVEGUEMOS HACIA LA BARCA TRIUNFANTE

Se llama Iglesia a la asociación de los que creen en Jesucristo. La Iglesia

se divide en tres grupos. Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están

en el cielo. Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por

23

hacer el bien y evitar el mal. Y la Iglesia sufriente: los que están en el

purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su

alma.

El catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en

1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo

y dice cinco cosas acerca del Purgatorio:

1ª. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente

purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener

la completa hermosura de su alma (1030).

2ª. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en

el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar

de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San

Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en

que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el

fuego". (1Cor. 3, 14).

3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º.

de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer

sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados"

(2Mac. 12, 46).

4ª. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar

por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único

que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi

alma").

5ª. San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no

serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay

faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a

los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de

su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno

descanso".

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él

ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le

apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había

logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando

la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto

por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se

había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les

respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios,

descansaban las benditas almas del purgatorio". Desde tiempos de San

Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la

costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno:

"¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió:

24

"Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio

dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa

medida se empleará para darle a él".

Oh Dios,

Creador y Redentor de todos los Fieles, concede a las almas de tus

siervos y siervas la remisión de todos sus pecados:

a fin que, por estas piadosas súplicas, consigan el perdón que siempre

desearon.

Tu que vives y reinas, por los siglos de los siglos.

Amén.

Lleguemos a buen puerto con la brújula de Jesús y Maria

Continuemos trabajando y orando en la viña del Señor-

-- Aún es tiempo --

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